Que la masturbación nunca ha estado bien vista no es ninguna novedad. A lo largo de la historia, médicos, religiosos y otros «mojigatos de turno» han ideado las más insólitas medidas e inventos para intentar erradicarla. Hoy te cuento tres de las cruzadas más insólitas contra la masturbación.
Si te sueles pasar con frecuencia por el blog, estas tres historias que voy a contar no deberían ser una novedad para ti. Esta entrada es un pequeño recopilatorio para quienes se han perdido esos posts y aún siguen desayunando Kellogg, por ejemplo… 🤫
El señor Kellogg y su lucha contra la masturbación
John Harvey Kellogg fue criado bajo los preceptos de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, una religión protestante que no solo predica la importancia de una vida sana, sino que promueve un estilo de vida extremadamente disciplinado.
Según sus creencias, Dios nos da el don de la vida y, como muestra de gratitud, debemos cuidar nuestro cuerpo, lo que implica llevar una dieta estricta y evitar cosas como el alcohol, el tabaco e incluso la carne.
Cero carne, cero sexo… cero todo
¿Qué pasó? Que eso de evitar la carne, el señor Kellogg lo llevó hasta el extremo. Tanto que él mismo confesó que nunca llegó a mantener relaciones sexuales con su esposa.🤨
Si el sexo lo llevaba mal, de la masturbación ya ni hablamos. Estaba convencido de que era una de las mayores amenazas para la salud. De hecho, llegó a llamar a la masturbación «auto-abuso» y «auto-contaminación».
El sanatorio de Battle Creek y su cruzada contra el deseo
Esta visión tan saludable de la vida, la implantó en el sanatorio de Battle Creek (Míchigan), donde fue director. Este sanatorio, rebautizado por él como Battle Creek Sanitarium, era un centro para que la gente aprendiera a mantener una vida saludable a base de ejercicio y alimentación equilibrada.
Como el desayuno es la comida más importante del día, ¿qué mejor manera de empezar un día libre de tentaciones que con un desayuno insípido? Así que, para poder combatir el deseo desde primera hora, decidió que el desayuno del sanatorio fuese a base de de copos de avena y maíz.
Food Company
En 1897 fundó con su hermano, Will Keith Kellogg, la compañía Sanitas Food Company para producir, comercializar y llevar estos cereales libres de tentación (y sabor 🤭) a todo el mundo. Pero cuando su hermano Will sugirió añadirles azúcar (para que estuvieran más ricos y se vendieran mejor), John Kellogg se negó. Lo consideró un sacrilegio contra la salud. Y ahí se rompió el idilio fraternal.
Ambos hermanos partieron peras y Will fundó la famosa marca Kellogg’s mientras que John fundó Battle Creek Food Company.
Y así fue como, sin quererlo, la famosa marca de cereales nació de una pelea entre hermanos por culpa del azúcar… y de la masturbación.
Si te ha quedado con hambre, no de cereales, sino de saber más, échale un vistazo al artículo completo sobre Kellogg aquí.
Sylvester Graham: el reverendo que quería frenar la masturbación… con galletas
Sylvester Graham nació en 1794. Fue el decimoséptimo hijo de un reverendo. Su infancia fue un ir y venir entre casas de familiares porque con 17 hijos, su madre no daba abasto. Enfermizo pero trabajador, acabó en una taberna donde desarrolló un odio visceral por el alcohol tras ver sus efectos de primera mano.
A los 32 años, pudo cumplir el sueño de su infancia: ser reverendo como su padre. Desde el púlpito aprovechó para predicar una vida sana, religiosa y completamente libre de placer: sin carne, sin alcohol, sin café, sin tabaco y sin sexo (salvo para procrear, por supuesto).
Estaba convencido de que el deseo sexual debilitaba el cuerpo, y con un cuerpo débil no se glorificaba a Dios.🤷🏻♀️
Nacen las Graham crackers… para frenar el deseo sexual 😶
Sí, las mismas crackers que hoy usamos fueron inventadas en 1829 como parte de una dieta anti-deseo. Las Graham crackers originales estaban hechas de trigo integral sin refinar, sin azúcar, sin tamizar… y sin alegría.
Unas galletas creadas creadas para reducir las ganas de masturbarse. Porque según él, comer mal generaba deseo sexual, el deseo llevaba a la masturbación y eso llevaba al desequilibrio del cuerpo… y al Lado Oscuro.
El movimiento Grahamista
Su mensaje triunfó en plena paranoia por el cólera y surgió el movimiento conocido como Grahamismo y los Grahamites, sus fans. Entre ellos, hay que mencionar a un tal John Harvey Kellogg…
Pero no todos lo amaban. Panaderos y carniceros lo odiaban. Graham criticaba sus productos por ser poco naturales, procesados y, peor aún, ¡culpables de fomentar las pasiones más bajas! Hasta intentaron sabotear sus charlas, pero los grahamites respondían… lanzando bolsas de cal desde los tejados. Todo muy pacífico, saludable, sano y presbiteriano.
Murió a los 57… y abandonando su propia dieta
Graham murió con solo 57 años abandonando sus principios. Acabó tomando carne y opio para alargar la vida que su dieta no logró proteger. Spoiler: no funcionó.
Aún así, su legado quedó: fue pionero del vegetarianismo en EE.UU., fundó la Sociedad Vegetariana Americana y sus galletas (que ahora van hasta arriba de azúcar) acabaron siendo el postre favorito de millones.
Si te has quedado con ganas de más detalles jugosos, no como sus crackers, puedes leer la historia completa de Graham aquí.
Jugum penis: El invento victoriano contra la masturbación
En el siglo XIX, además del siempre presente discurso religioso, la medicina también se unió contra la masturbación.
Uno de los más entregados a esta cruzada fue el médico francés Claude François Lallemand, que dedicó buena parte de su carrera a estudiar la espermatorrea (sí, eso decían que existía). ¿La causa principal de esta supuesta enfermedad? Lo adivinaste: la masturbación.
Según él, entregarse al amor propio no sólo degradaba al hombre, sino que devastaba la sociedad entera. Todo muy apocalíptico.
El jugum penis: La solución victoriana
Con el fin de frenar estos «deseos impuros», nacieron los sistemas antimasturbatorios, y entre ellos destacó el jugum penis. Este dispositivo era básicamente un anillo doble para el pene: uno interno que se ajustaba y otro externo, dentado, que entraba en acción al producirse una erección. ¿El resultado? Pues que el pene se deshinchaba rápidamente a la primera dentellá. Eficiente a par que doloroso.
Otros dispositivos curiosos contra la masturbación
Pero no fue el único invento de este tipo. En 1889, James Bowen registró su propia patente para prevenir y controlar las descargas espermáticas involuntarias. Una especie de gorro que se colocaba en el glande y que estaba atado con una pinza al vello púbico. Si tenías una erección mientras dormías, la pinza tiraba de los pelos y te despertaba, cortando no solo la erección sino, probablemente, también tus ganas de vivir.
Si te pica la curiosidad por conocer más sobre estas torturas, échale un ojo al artículo completo sobre el jugum penish… si te atreves
Por suerte, tanta represión no sirvió de mucho y hoy podemos celebrar el mes de la masturbación comiendo un bol de cereales, un donut gigante… o usando las manos como mejor nos parezca. Sin pinchos, sin culpa y con mucho gusto.
Atribuciones:
Artículo redactado 100% libre de IA, casi libre de inteligencia pero con un 100% de humanidad.
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